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Un reconocimiento a las mujeres que trabajaron en la editorial Bruguera

Barcelona, 1910. Juan Bruguera fundó El Gato Negro, que posteriormente se convirtió en Editorial Bruguera.

En el corazón de una ciudad que despertaba al siglo XX, nacía la Editorial Bruguera, que acabaría por teñir el imaginario de todo un país. Dejando una pequeña dosis de aventura que aguardaba en cada quiosco.

Sin embargo, el relato oficial de este gigante de la cultura popular nos ha llegado tradicionalmente narrado en masculino, bajo la sombra alargada de los grandes maestros del lápiz. Pero entre el rugir de las rotativas y el tecleo de las máquinas de escribir, existió una historia en silencio que hoy es urgente rescatar.

La historia de Bruguera está incompleta porque no se puede entender su éxito masivo sin reconocer a las manos invisibles que sostuvieron su estructura. Las mujeres fueron el pilar de la producción, la gestión administrativa y la resistencia sindical en los momentos de crisis, desempeñando roles cruciales como dibujantes,redactoras, traductoras, guionistas, entintadoras y coloristas, maquetadoras, a menudo ocultas tras el anonimato o el uso de seudónimos.

Estas jornadas nacen precisamente para reparar esa memoria y romper un techo de cristal que el tiempo ha vuelto opaco, visibilizando desde el departamento de administración hasta las naves de distribución; el verdadero motor organizativo que permitió que millones de tebeos llegaran puntualmente a sus lectores.

A diferencia del mito que reducía a la mujer a una mera lectora de revistas femeninas, su impacto fue transversal y transformador. Hubo guionistas audaces que supieron conectar con la sensibilidad de una época para romper los estereotipos de la posguerra, y artistas que aportaron una estética distintiva a cabeceras míticas como Lily, Sissi o Joyas Literarias Juveniles, definiendo la identidad visual de la editorial. Ellas fueron quienes adaptaron los clásicos de la literatura universal, haciendo que la alta cultura fuera accesible para toda una generación.

Este encuentro no es solo una cita para especialistas o coleccionistas, sino una invitación al público general para recuperar un patrimonio que nos pertenece a todos. Es vital que las nuevas generaciones de creadoras sepan que el noveno arte en España también fue construido por mujeres. Conocer su papel en Bruguera es, en definitiva, conocer la evolución de la mujer trabajadora en la España del siglo XX.

Al ignorar su aportación, perdemos la mitad de nuestra historia cultural; estas jornadas pretenden devolver ese legado a la ciudadanía y pasar, por fin, la página de la invisibilidad.

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